Martín Guzmán: “La crisis de 2001 tiene mucho para enseñarnos”

Martín Guzmán: “La crisis de 2001 tiene mucho para enseñarnos”

Equipo Museo (E.M.): ¿Por qué argentina se endeuda en distintas monedas? ¿Únicamente para diversificar el riesgo o existe alguna razón detrás de eso?

Martín Guzmán (M.G.): Argentina se endeuda en moneda extranjera porque el mercado para endeudarse en la moneda local es muy pequeño dada la inestabilidad de la moneda argentina. El problema de endeudarse en moneda extranjera es el riesgo de no poder conseguir los dólares para poder pagar las deudas.

E.M.: ¿Qué hizo que la reestructuración argentina en 2005 fuera una de las más complejas de la historia?

M.G.: Hubo múltiples factores que llevaron a que la reestructuración argentina fuese tan compleja. Primero, la crisis económica y social que estaba viviendo el país era bien profunda, por lo que Argentina enfrentaba la necesidad de una quita de deuda grande.

El gobierno de Néstor Kirchner tomó una posición firme sobre la necesidad de respetar un valor de quita que no comprometiese al país a generar superávits fiscales primaros que ahogasen la recuperación económica y negoció sobre la base de que la quita debía ser sustancial. Esa posición inicialmente fue rechazada por los acreedores y el FMI que pujaban por una quita menor.

E.M.: ¿Cómo se hizo para sortear estos inconvenientes?

M.G.: El contexto en el cual ocurrieron estas negociaciones fueron peculiares: por un lado, el FMI tenía una exposición crediticia fuerte con Argentina y, segundo, la coyuntura geopolítica ayudó a que Argentina pudiese negociar desde una posición más cómoda que lo que es usual para lograr aquella quita que estaba buscando.

Respecto al primer punto, Argentina era un deudor grande del FMI: en octubre del 2003, la deuda con el organismo era de u$s 16 mil millones, que representaba el 15% del crédito total del FMI. El FMI no se podía exponer a que Argentina le hiciese default.

En cuanto a lo segundo, la posición que tomó el gobierno de EE.UU. terminó ayudando a Argentina. El tesoro estadounidense en esa época tuvo una posición contraria a los bancos, a quienes acusaba de haber ejercido riesgo moral.

Otro elemento que la tornó más compleja es que hasta esa fecha fue la reestructuración de deuda soberana de mayor magnitud[1]. Además, lo que ocurrió es que, amparados en marcos legales que ellos mismos habían influenciado, un conjunto de hedge funds en Nueva York, liderados por el fondo buitre Elliot Magament y su subsidiaria NML Capital, a la que se unen Aurelius y otros más, juegan justamente la estrategia buitre de comprar deuda justo antes y, principalmente, después de que el país haga el default, y demandan al país.

E.M.: Todo esto sumado a la cláusula R.U.F.O., ¿no?

M.G.: Así es. La clausula R.U.F.O. establecía que si antes del 31 de diciembre del 2014, el país le pagaba a cualquier bonista que no hubiese aceptado las propuestas de reestructuración de 2005 y 2010, de forma voluntaria, más que lo que le había acordado con los bonistas reestructurados, entonces debía igualarle la oferta a estos últimos. De modo que cuando el fallo del juez Griesa queda firme, para Argentina podía haber resultado excesivamente costoso pagarle a los buitres de acuerdo a los términos del fallo. El riesgo que eso conllevaba era el de deshacer toda la reestructuración previa.

La ventana para un acuerdo se abre recién a partir del 1 de enero del 2015. La administración de Cristina Fernández de Kirchner decide no acordar con los buitres y finalmente se llega a un acuerdo en marzo de 2016 que se hace efectivo en abril de 2016, cuando el congreso argentino deroga un conjunto de leyes que impedía pagarle a los fondos buitres.

E.M.: La ley cerrojo y la ley de pago soberano.

M.G.: Exacto. Y ni siquiera se terminó todavía. Porque ahora hay un nuevo fondo creado en noviembre del 2017 que demandó al país. Es decir, un fondo que fue creado después de que ya se resolvió el conflicto. Lo que pide es ser compensados por una porción de los bonos reestructurados cuyos intereses no pudieron ser pagados en los tiempos establecidos por el contrato original debido al bloqueo establecido por el juez Griesa

En resumen, factores geopolíticos, económicos y legales hicieron que la reestructuración argentina fuese tan compleja, al punto que parte de los medios internacionales llamaron a la disputa con los buitres “el juicio del siglo”.

E.M.: Algo que se ofreció en las dos reestructuraciones son los bonos atados al PBI. ¿Son la mejor opción tanto para el deudor como para el acreedor? ¿Cuál es tu visión sobre eso?

M.G.: Los bonos atados al PBI mejoran la sostenibilidad de la deuda justamente porque el deudor paga más cuando más puede pagar y cuando tiene menor capacidad de repago, paga menos. Sin embargo son rechazados por los acreedores que lo que piden es generalmente una renta fija. El problema con ese argumento es que en realidad los bonos de deuda pública que emiten países que tienen riesgo de default no otorgan renta fija. Solo otorgan una renta que es fija cuando pagan pero hay situaciones en las que no pueden pagar, de modo que el pago termina siendo contingente.

Y cuando el deudor soberano no tiene la capacidad de pagar tiene que llevar a cabo una reestructuración que en los marcos actuales son muy costosas, difíciles de empezar y determinar, ineficientes. De modo que lo que termina habiendo es un desperdicio de recursos sociales, que sería menor si los países emitieran bonos atados al PBI.

Estos bonos tiene mucha aceptación académica y hay instituciones que tienen influencia en el sistema financiero internacional que los están promoviendo de forma activa. Entre ellos el Banco de Inglaterra y el Banco de Canadá. Para que tenga sentido emitirlos es clave que haya aceptación por parte del mercado, sino terminan resultando una carga onerosa para el emisor que los mercados no valoran. Es esperable que en el futuro la escala de adopción de este tipo de instrumentos sea mayor.

E.M.: ¿Cuál es el hecho histórico relacionado a la deuda externa argentina que más relevancia tiene para el análisis socio económico desde tu punto de vista?

M.G.: Pienso que el proceso que condujo a la crisis de 2001 y el de reestructuración que procedió a la crisis nos debería enseñar mucho acerca de cómo integrarnos financieramente al mundo de forma de poder implementar una estrategia de desarrollo nacional que sea respetuosa de la soberanía, y sobre los problemas que una mala integración pueden traer para la implementación de estrategias de desarrollo que sean acordes a las necesidades que el país enfrenta.

Mi visión es que formas de integrarnos financieramente al mundo que se deberían evitar. Primero, encuentro deseable dejar de emitir deuda bajo la ley de Nueva York, justamente porque son marcos legales escritos por y para buitres, que hace que cuando tenés problemas te cueste mucho resolverlos. La ley de Nueva York viola un conjunto de principios que son necesarios para el buen funcionamiento de los mercados de crédito internacional y que impone enormes costos económicos y sociales a los países en crisis.

El otro camino que se debería evitar es el de tener un programa de préstamos con el FMI. Cuando un país tiene una estrategia de desarrollo, debe orientar todos sus instrumentos de política económica a satisfacer los objetivos que se definen como parte de esa estrategia. No es eso lo que ocurre cuando las políticas económicas quedan supeditadas a los condicionamientos que imponga ese organismo.

De modo que al integrarse financieramente al mundo de una manera que incluye un acuerdo con el FMI se genera una contradicción entre la función que debería cumplir la integración al mundo (que es la de ayudar al desarrollo) y las consecuencias que ese tipo de integración implica, que son las de poner otros intereses que son los intereses del sistema financiero internacional por encima de los intereses sociales que deberían ser los objetivos centrales de una estrategia de desarrollo.

[1] Luego fue superada por la crisis griega.